Te propongo un juego.
Juguemos a que nada importa, a que lo vivido quedo atrás, y juguemos a
reinventarnos cada día; finjamos que todo mejora, que no existen los bajones y
que solo sabemos llorar de alegría.
Te invito a que juegues conmigo a borrar esos remordimientos que te persiguen, a ser siempre valientes, a nunca caer, a mirar únicamente al frente; vamos, seguro que te gusta.
Te invito a que juegues conmigo a borrar esos remordimientos que te persiguen, a ser siempre valientes, a nunca caer, a mirar únicamente al frente; vamos, seguro que te gusta.
No dejemos nuestro juego
ahí; sigamos destruyendo barreras que nos impiden disfrutar de la vida,
borrando etiquetas que nos definen injustamente, y nombres sinsentido en
nuestro juego, como guerra, maltrato, miedo, depresión… juguemos a que nada de
eso existe más.
Juguemos a que creamos un
mundo perfecto, e imaginemos: imagina que no hay ricos ni pobres ni el dinero
mueve el mundo, que no hay huérfanos ni viudos incapaces de superar su pérdida,
que dejamos de ser como ovejas con rumbo al matadero. Imagina que los niños no
tienen que crecer antes de tiempo ni batallar guerras que no alcanzan a
entender, que las personas no se hacen daño olvidando que son iguales, que los
animales ya no sufren la codicia de las personas ni pagan por lo que nosotros
hacemos mal. Imagina que aprendemos a querer lo que nos rodea y no lo
destruimos solo por vivir un poquito mejor hoy sabiendo que mañana nos arrepentiremos.
Imagina que de verdad existe el arrepentimiento y que la empatía es lo que
mueve el mundo.
Y ahora despierta y mira la
mierda que te rodea. Ahora que te has dado cuenta de que nada es como debería
ser te toca elegir: confórmate, sigue jugando o haz algo por cambiar lo que no
te gusta. La vida no es un juego, vamos a empezar a tomárnosla en serio.
Comentarios
Publicar un comentario